Semblanzas

Roberto Bravo Garzón

Roberto Bravo Garzón, A. C. Xalapa. Ver. México. 2017

José Martín Blásquez Ojeda

… nos ha tomado, de nueva cuenta, la delantera. De hecho, estábamos acostumbrados a ello, porque quien ha guardado relación directa con los sucesos históricos contemporáneos es parte de la historia misma. El poderío de su presencia había sido claro y notorio desde los tiempos en que fue estudiante, por su intención de renovar lo renovable y generar lo inexistente. Jorge Vázquez Pacheco.

Los orígenes

A sus casi veinte años, Roberto no podía estar más emocionado en aquellos días previos al 5 de febrero de 1954 en que retornaba a su casa de Veracruz para acompañar a su tío, el Dr. Gabriel Garzón Cossa, un activo organizador del XXXVII Aniversario de la Constitución de 1917, celebración a que acudiría su amigo Don Adolfo Ruiz Cortines, el Presidente de la República.

Dos años atrás el joven jarocho se había mudado a Xalapa para cursar su carrera de abogado en la Universidad Veracruzana, salvando las limitaciones económicas gracias a que su tío le había recomendado para un puesto meritorio como escribiente de quinta en la Junta de Conciliación y Arbitraje en el Palacio de Gobierno, aún y cuando no cumplía su mayoría de edad. Como típico pupilo pobre, consiguió acomodo pensión con alimentos compartiendo cuarto en la casa de doña Galdina, del callejón de Rojas, a cuyo comedor usualmente concurrían no pocos maestros universitarios propiciando las más amenas e interesantes oportunidades para conversar con tan ilustrados comensales. Por su por su reiterada preferencia al desvelo para estudiar, se hacía nombrar ave nocturna, lo que explicaba el que casi nunca llegara a sus clases de las ocho de la mañana. Como uno más de los estudiantes de la época de oro de la universidad, el cine y el teatro eran sus entretenimientos, aficiones que compartió con dos compañeras que le fueron entrañables desde su primer año: Selena Rodríguez y Marta Moreno Luce. No obstante sus limitaciones, desde aquellos años cosechó logros, como cuando la Universidad Veracruzana le publicó su primer escrito, El Mitin,un cuento breve; y mejor, cuando incursionó en la política estudiantil organizando la Federación de Estudiantil Veracruzana (FEV), agrupación patrocinada por el gobierno del estado para aglutinar las representaciones de todas las escuelas universitarias que por aquellos años incluían a las secundarias y preparatorias de todo el estado.

Cumplido con sus deberes familiares, el joven que ya poseía su voz sonora y grave, así como su piel obscurecida al sol de playa, en esta ocasión regresaba a su casa de la calle de Libertad esquina Paso y Troncoso, donde creció y a donde Doña Caritina Garzón Cossa retornó desde la ciudad de México tras su separación; desde entonces la concertista y educada mujer paso a desempeñarse en la biblioteca del Ilustre Instituto Veracruzano. En aquella casa de la abuela convivió como hermano menor de sus siete primos: Gabriel, Luis, Olga, Gema Odila, Adolfina, Rosa y Román Garzón Arcos, hijos del tío Gabriel, quien habiendo enviudado, ahora desempeñaba el rol de jefe de toda su familia en apoyo a la abuela.

Para aquellos días el Dr. Garzón Cossa ya era un prestigiado porteño, reconociéndose que desde su época como médico higienista municipal, había sido eficaz colaborador con la División de Oriente del ejército que resguardó al Sr. Carranza y a su gobierno constitucionalista en el Puerto de Veracruz entre 1914 y 1915; y que era además un culto liberal que siendo Diputado Presidente de la Legislatura Local depuesta en abril de 1920 por la alteración constitucional que provocó el Plan de Agua Prieta, poco meses después, con base en el artículo 141 de la Constitución Local, habría sido llamado para asumir el cargo de Gobernador Provisional del Estado por orden de D. Adolfo de la Huerta, entonces Presidente Provisional de la República, para el propósito de normalizar la constitucionalidad de los Poderes Estatales y concluir así, el mandato que feneció el 30 de noviembre de 1920, entregando la gubernatura al Coronel Adalberto Tejeda.

Por estos antecedentes, ahora el estudiante universitario podía apreciar mejor las proporciones del personaje que era su tío Garzón Cossa; considerando, por ejemplo, la distinción que le otorgó el Gobernador Adolfo Ruiz Cortines, al designarlo Rector de la recién creada Universidad Veracruzana, entre 1945 y hasta el fin de esa administración estatal en 1950.

El caso fue que, por aquellos días de previos al 5 de febrero de 1954 en que de nueva cuenta el Dr. Garzón Cossa fungía como Diputado Local por el Distrito de Veracruz, el ajetreo en su casa era notable; igual auxiliaba al Lic. Arturo Llorente González, entonces Presidente Municipal –el mismo que le había sucedido al frente de la Rectoría en 1950-, como igual apoyaba a sus otros compañeros, los diputados Javier Malpica Mimendi y Ángel Ramos García, Presidente y Secretario de la Comisión Permanente de la XLIII Legislatura Local, y quienes formalmente encabezaban la Comisión Organizadora de los Actos de Homenaje a los Patricios Juárez y Carranza y a la recepción al Sr. Presidente D. Adolfo Ruiz Cortines a Veracruz.

En este contexto de agitados preparativos a tan solemne acto de la República, debió ser que el estudiante de leyes se haya impuesto a las reiteradas referencias que se hacían de su tío; en particular aquella remembranza del 5 de febrero de 1917, fecha histórica en que de manera simultánea a como el Sr. Carranza promulgara la Constitución en Querétaro, al Doctor Gabriel Garzón Cossa le había correspondido el honor de pronunciar uno de sus más recordados discursos, acompañando al Dr. Mauro Loyo, Presidente Municipal, en su similar promulgación porteña .

Era tal el entusiasmo por este evento en aquel Veracruz de 1954 que, por ejemplo, Don Juan Malpica Silva, Director de El Dictamen, reproducía en sus primeras planas exaltadas crónicas de la nueva estatua de D. Venustiano Carranza que sería develada frente al Edificio Faros, mismo que a partir de esa fecha pasaría a albergar el nuevo Museo de la Revolución Mexicana. Por su parte, el Lic. Llorente González y su Cabildo Municipal, ocupadísimos en cómo atender al Presidente Ruiz Cortines y al Gobernador Muñoz Turnbull, y entre tantos invitados especiales, a los:

… supervivientes de las jornadas revolucionarias y legislativas, secretarios de estado, gobernadores de las entidades federativas, jefes y comandantes de las regiones militares y de las zonas navales, representantes de los Poderes Legislativo y Judicial de la Federación, y de los estados, comités directivos de las organizaciones obreras, campesinas y populares y demás visitantes.

Siendo el caso que el gabinete presidencial, los senadores y diputados, arribarían en trenes especiales desde la capital, esperándose además la concurrencia de miles de obreros, campesinos y clases populares de todo el estado.

Desde el horizonte biográfico es posible pensar a Roberto en temprano desarrollo de su sensibilidad a partir del cálido trato e iniciación artística que brindaron su madre y tías con sus lecciones de piano y conciertos sabatinos de la Orquesta Sinfónica de Xalapa en el puerto de Veracruz, y por otro lado la forja de su recio carácter al convivir con el estudioso y disciplinado liberal que fue su tío; aprendizajes emocionales que lo prepararon para sintetizar sus más complejas vivencias.

Quizás así es posible explicar sus arrestos para los avanzados emprendimientos que le caracterizarían; como pudiera ser su inclinación por la fuerza de la palabra, como cuando adolescente en 1952 se inició en las lides estudiantiles de secundaria y preparatoria a su paso en el Ilustre Instituto Veracruzano. En el ocaso de su vida, en sus palabras dictó

… mis recuerdos en la universidad comienzan prácticamente desde que se funda… tenía 10 años… el calendario era de enero a diciembre y las inscripciones fueron hasta enero del año siguiente, ese año me inscribí en la secundaria… y como la Universidad desde su fundación incluía las secundarias… cuando yo me inscribo fue su primer año lectivo, así que desde su nacimiento, forme parte de ella; ahí comienza mi vida universitaria.

Es posible vislumbrar al visionario hombre que llegaría a ser, cuando adolescente, observara al liberal que fue su tío Gabriel, inmerso en sus jornadas de estudio, como debió suceder en aquellos días de 1954, en que se aislaba en su biblioteca para elaborar una a una, las líneas del discurso que, al pie del monumento al indio de Guelatao, compartiría a la multitud congregada al toque ritual de tambores y clarines, y hasta donde se conjuntarían los hombres del poder con los ideales de las históricas causas juarista y carrancista que dieron sentido al estado mexicano.

Igual es posible imaginar en sus orígenes a Roberto Bravo en la impresión que le calaron las dos mil voces de niños de todas las escuelas de Veracruz, entonando al unísono el Himno a Juárez haciendo retumbar la Plaza de la República de la zona portuaria, precisamente en el mismo sitio donde Juárez emitiera sus Leyes de Reforma de 1859; siendo posible además deducir que tal liturgia republicana marcaría su devoción por el estudio enciclopédico que, de forma reiterada y con habilidad didáctica, compartiría tantas veces en público y cariñosamente a sus hijas en su intimidad familiar.

Y quizá valga pensar el surco que le produjo las palabras del Dr. Gabriel Garzón Cossa a Juárez y que se eslabonaron con la esperada alocución de D. Luis Cabrera a Venustiano Carranza, precisamente al pie del imponente bronce al Varón de Cuatro Ciénegas, acontecida como segunda parte del programa de aquel 5 de febrero de 1954.

Experiencias así, debieron motivarlo al permanente estudio de la vida y obra de Juárez, de los hombres de la Reforma y de la gesta revolucionaria para incorporar las demandas sociales en las Leyes Preconstitucionales Carrancistas, ambos sucesos acontecidos desde Veracruz como pilares de la Patria y a cuyas lecciones recurriría siempre.

El universitario

La tragedia llegó a la vida de Roberto Bravo un 16 de enero de 1955 con el inesperado fallecimiento del Dr. Gabriel Garzón Cossa a consecuencia de un accidente carretero, cuando en funciones de Diputado Presidente de la XLIII Legislatura Local se movilizaba hacia Córdoba para atender asuntos oficiales.

Ante esa abrupta orfandad, habría de procurarse mayores medios de subsistencia para asegurar la continuidad de sus estudios de derecho en Xalapa, lo que parcialmente logró cuando pasó a formar parte del 2º Grupo Especial de Conciliadores y Árbitros del Trabajo en el Gobierno del Estado, ascenso que le reportaría un modesto ingreso que merced a su cuajado carácter, le permitiría contribuir con su devastada familia.

Fue hasta el siguiente año, por consideración del Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán, quien desde el 3 de diciembre de 1956 había iniciado su gestión como Rector de la Universidad Veracruzana, que el joven estudiante de derecho fue incorporado primero como su Encargado de Audiencias y después a la Jefatura del Departamento de Estadísticas, desde donde mudó a Oficial de Trámites en la Oficial Mayor entre 1959 y 1960, su primer empleo de estructura; y desde ahí emprender lo que sería su vocación de por vida: ser profesor. El caso fue que logro incorporarse al ciclo escolar inaugural de la entonces avanzada Secundaria Antonio María de Rivera -turno nocturno- que recién estrenaba su moderno edificio, y posteriormente en la Escuela Secundaria y de Bachilleres Experimental, adscrita a la Facultad de Pedagogía, logrando con estas actividades mejorar sus ingresos.

Motivado por las expectativas que generó la creación de la Facultad de Filosofía desde principios de 1956, a invitación de Héctor Salmerón Roiz, su compañero en leyes, Roberto, Selena y Marta, se inscribieron en la Maestría en Filosofía, tocando en suerte que al ser pocos los alumnos, sus lecciones las recibieron casi personalizadas, destacando el celebrado Maestro José Gaos que impartía sus cursos trimestrales y el Director Fernando Salmerón Roiz; adicionalmente y considerando que los cursos compartían edificio en la calle de Juárez, donde también estaba la oficina de Rectoría, precisamente por esa facilidad se explica que el curioso estudiante, pudiera tomar otros tantos cursos sueltos en Antropología, Historia y Letras, enseñanzas que lo proyectaron a elaborar y publicar sus tempranos escritos.

Ejemplos del carácter del inquieto estudiante que fue en esos años, es que durante estos cursos fue designado como Consejero Universitario Alumno por su Facultad por primera vez, a lo que Marta Moreno Luce agregaría años después, al relatar acerca del original copete que usó Roberto y que valió que su profesor Javier Tavera Alfaro le dijera que se peinaba como el Pájaro Loco, loquillo, personaje de historieta de los años cincuenta, y que sus amigos cambiaron a el loco, por su distintiva manera ser y actuar.

De ese tiempo, y por coincidir como profesores del turno nocturno en la Escuela Secundaria Antonio María de Rivera, en 1956 se conocieron Roberto y Yolanda Reyes Pale, joven Maestra Normalista Xalapeña, miembro de una familia de reconocidos músicos y talentosa violinista a la que se reconocía por haber debutado como solista acompañada de la Orquesta Sinfónica de Xalapa a sus diez y siete años de edad; simpatías que pronto transformaron en una familia, donde a partir de los años sesentas procrearán a sus hijas Leticia, Laura y Rosaura Citlalli Bravo Reyes, asentando su hogar en la calle de Diego Leño, del rumbo del Parque de Los Berros. De sensibilidad artística nata, Reyes Pale forjaría una sólida carrera como violinista en la Orquesta Sinfónica, a la que tiempo después, en reciprocidad dedicaría la elaboración de un libro.

Debió ser la tutela del talentoso Rector Aguirre Beltrán, lo que pudo influir para que 1960, mereciera una oportunidad que lo acercaría a los asuntos sociales: su designación como Coordinador para el levantamiento del VIII Censo Nacional de Población, en la XI Zona que comprendió a la capital, San Andrés Tlalnelhuayocan, Banderilla y Xilotepec. Su primera experiencia de campo que consumó en la jornada del 8 de junio, pudiendo decirse que ubicó al universitario como privilegiado observador de la realidad demográfica, social y urbana de su entorno, habiéndole impuesto previamente el estudio de una novedosa y rigurosa metodología para captar la información de las actividades económicas, el ingreso y empleo, como le exigió este ejercicio estadístico universal. Según los resultados censales de ese año de 1960, Veracruz con 2.7 millones de habitantes era el segundo estado más poblado de la república, donde el 60.4% de su población se reportó como rural dispersa en multitud de pequeñas localidades, destacándose por al puerto con 153 mil habitantes y Xalapa con 78 mil como las más pobladas; y reportando además un elevado indicador de analfabetismo del 33% de la población estatal, conformado por mujeres en su mayoría.

Durante el fructífero rectorado del Dr. Aguirre Beltrán, desde mediados de 1958, Roberto Bravo recibió otra encomienda que lo ubicó como privilegiado gestor de las artes: participar en el Comité Organizador del II Concurso Internacional de violonchelo y Primer Festival de Música “Pablo Casals” que a instancias de los españoles refugiados y ante la imposibilidad que el maestro ascendiera a las alturas de la ciudad de México, se celebró en Xalapa durante los invernales y húmedos días del 18 de enero y hasta el 1 de febrero de 1959.

Este excepcional festival, primero en Hispanoamérica, conjuntó los esfuerzos de la Secretaría de Educación Pública y del Instituto Nacional de Bellas Artes, además de los del Gobierno del Estado, el Ayuntamiento y la Universidad Veracruzana. Vinieron a concursar diez y nueve ejecutantes de doce países ante un Jurado igualmente cosmopolita de doce maestros de nueve países. En el programa, figuraron compañías de teatro y ballet, coros, orquestas de cámara, cantantes y destacadamente las Orquestas Sinfónica Nacional y la de Xalapa, organizaciones que presentaron funciones especiales. Todas las actividades fueron presididas personalmente por el Maestro Pablo Casals y otros reconocidos concertistas de su talla, siendo el caso que durante dos días, la señora Eva Sámano de López Mateos, esposa del señor Presidente de la República vino al evento, siendo atendida por el Mtro. Casals y el Lic. Antonio M. Quirasco, Gobernador de Veracruz.

De todo lo acontecido y por haber contribuido en su organización, el acucioso Bravo Garzón produciría una memorable crónica que se publicó al año siguiente en la revista La Palabra y el Hombre de la Universidad Veracruzana. Años después dictando sus memorias, agregaría: que por su amistad con el Mtro. Luis Jiménez Caballero, Director de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, el joven Roberto fue comisionado para asistir al maestro Casals y a su joven esposa durante su estancia; y que fue tal la afluencia entre artistas y asistentes que rebasados los hoteles, el Lic. Roberto Amorós Guiot, entonces Director de Ferrocarriles Nacionales de México, dispuso acondicionar coches Pullman como alojamientos, siendo además necesario ocupar las habitaciones disponibles de Coatepec, Puente Nacional y Veracruz, debiendo habilitar transportes especiales, y que desde entonces, algunos músicos optaron por quedarse a radicar en Xalapa.

Motivado por conocer ese fenómeno nacido en una isla del caribe llamado Revolución Cubana, proclamado en la Habana al inicio de 1959, como Delegado por la Federación Estudiantil Veracruzana, concurrió al Primer Congreso de Juventudes Latinoamericanas que se celebró en Cuba durante julio y agosto de 1960. Trabajos que le permitieron conocer de primera mano los ideales anti imperialistas y comunistas de los revolucionarios de la época, así como, la oportunidad de escuchar personalmente a los comandantes Ernesto Che Guevara en su discurso de apertura y de Fidel Castro de clausura; experiencias que al año siguiente, mediante una conferencia dictada en Tierra Blanca, se permitiría reflexionar relacionando su visión acerca del proyecto comunista cubano que se gestaba; lamentablemente este texto no se ha podido recuperar.

Esta experiencia le traería consecuencias a mediados de los años sesenta, cuando se le negó su visa para ingresar a los Estados Unidos, llegando a conocerse que mereció la vigilancia de la Agencia Central de Inteligencia americana porque aparecía en algunas filmaciones de la CIA, en mítines y manifestaciones de protesta contra su política anti latinoamericana, muy especialmente a las medidas represivas contra Cuba.

Durante 1961, por un tiempo se ocupó de la Sección de Consulta de la moderna Biblioteca Central, instalaciones que recién el 20 de noviembre de 1960 anterior había inaugurado el Presidente Adolfo López Mateos en la nueva Zona Universitaria de Xalapa; funcional recinto que, además de albergar al histórico Archivo Dehesa, concentró otros selectos acervos dispersos de varias escuelas y que acopiados y catalogados, fueron enriquecidos con nuevas dotaciones bibliográficas adquiridas gracias al apoyo de fondos de la Fundación Rockefeller.

En el contexto de las licencias al cargo de Rector del Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán, motivadas por su elección como Diputado Federal a la XLV Legislatura Federal 1961-1964 que el filósofo Fernando Salmerón Roiz suplió interinamente, a sus 27 años de edad, Roberto Bravo Garzón, recibió su primer nombramiento directivo como Secretario de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias, donde recién se había adscrito un Instituto de Investigaciones Socioeconómicos. En tanto y hasta 1963, continuó con sus labores docentes ahora en el Colegio Preparatorio de Xalapa y en la Escuela para Extranjeros.

De esa época el abogado y filósofo Bravo Garzón, presenta su primera obra madura. En 1962, la Colección Ficción del sello editorial de su Casa de Estudios, le publica Viento sobre las aguas, libreto de teatro en cuya contraportada se lee:

“De la compleja maraña en que se unen el mito y la historia, Roberto Bravo Garzón ha sacado el hilo de una gran acción, que es a la vez una interpretación inteligente y novedosa del carácter más decisivo y enigmático de nuestra época precolombina: Quetzalcóatl. Escenas que brumosamente flotaban en las tradiciones adquieren un extraordinario voltaje teatral en el brillante tratamiento que les otorga Bravo Garzón, quien revela un profundo conocimiento del tema, pero, sobre todo, un agudo sentido escénico.”

El 14 de agosto de 1963, el Lic. Fernando López Arias, Gobernador del Estado 1962-1968, designa Rector al Filósofo Fernando Salmerón Roiz Rector, y es el caso que su avanzado alumno y colaborador Bravo Garzón, asciende a la Secretaria Particular, posición que marcó su acceso al círculo de diseño de políticas educativas en Veracruz y que lo proyectaría al primer nivel del gobierno local, como fue el caso de tomar una Asesoría para la Dirección de Industria y Comercio del Gobierno del Estado, puesto que mantendría hasta los disruptivos sucesos del conflicto magisterial y estudiantil de 1968. En contrapartida, tales responsabilidades conllevarían el costo de abandonar su obra Filósofos Veracruzanos, tesis de su Maestría en Filosofía que no llegaría a terminar.

Para el 2 de enero de 1964 el Gobernador López Arias designó como Rector de la Universidad Veracruzana al Lic. Fernando García Barna, prestigiado abogado cordobés que venía de concluir su encargo como alcalde de Xalapa con el antecedente de haberse desempeñado como Secretario de la Máxima Casa de Estudios.

Esta gestión se encaminó enfrentar el reto del acelerado crecimiento de la demanda de educación secundaria general, ahora integrada al ciclo básico- y de bachilleres, con sus repercusiones sobre los estudios propiamente profesionales universitarios, debiendo emprender acciones contundentes, como reorganizar los servicios educativos, separando administrativamente la dirección de los planteles de secundaria y de bachilleres, tecnológicas, de artes y oficios, academias comerciales y otras no profesionales, que conformaban la matrícula más numerosa, aparte de las propiamente universitarias; medidas que en 1968, derivarían en la Ley No. 61 que creó la Dirección de Enseñanza Media para encargarse de esos niveles educativos. Adicionalmente y con autorización del Consejo Universitario, se estableció el requisito de presentación y aprobación del examen de admisión obligatorio para el ingreso a los estudios universitarios.

Fue durante el Rectorado de García Barna que se registran diversas inquietudes entre el alumnado, contrarias al control de sus representaciones estudiantiles, exacerbando sus disputas la aparición del porrismo, fenómeno de cooptación y/o represión auspiciado desde el gobierno. Estos procesos de la convivencia universitaria a veces en un ambiente disciplinado y sistemático, otras veces de inquietud, de agresividad vertiginosa, recibirían además, influencias desde la agitación política de organizaciones de muy variadas ideologías en el contexto nacional; entre ellas, de la experiencia de Michoacán, donde en 1963 había estallado una huelga en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo con motivo de la elección del Rector y sus desacuerdos por la aprobación de una Ley Orgánica, y que a la postre propiciaron varios enfrentamientos y la intervención de las fuerzas estatales y federales de seguridad, hasta escalar a los violentos sucesos de Morelia del año de 1966.

Fue en ese contexto de vientos azarosos frente al agotamiento del inmutable sistema político que las inquietudes de la juventud mexicana fueron haciendo indispensable replantear el quehacer universitario y sus responsabilidades frente a la sociedad veracruzana; pudiendo estimarse estas aristas como precursores para el desenvolvimiento en que Roberto Bravo se habría planteado ubicar y encaminar sus proyectos, el más importante: la creación de una Escuela de Economía Veracruzana, al que consagraría buena parte de sus empeños.

La creación de la Facultad de Economía

Aquel año de 1964, El Colegio de México había logrado la apertura de su Centro de Estudios Económicos y Demográficos, conformado de una unidad de investigación y un posgrado en economía, hasta entonces inexistentes en México. El proyecto académico contó con el apoyo del Banco de México y fue diseñado por Víctor L. Urquidi, pionero de la enseñanza del análisis económico moderno, además de la simpatía de Don Daniel Cosío Villegas; ambos habían invitado a Consuelo Meyer L’Epée, entonces Directora de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Nuevo León y a Leopoldo Solís, economista del Banco de México, profesores que explícitamente se apartaban de la enseñanza dogmática de las ciencias económicas entonces en boga, caracterizándose por enfocar sus conceptos en que

… la ciencia económica estaba íntimamente vinculada con otras disciplinas sociales, tales como la ciencia política, la sociología y la historia, [determinando por consecuencia] que la enseñanza fuera multidisciplinar, de la misma forma que ocurría en las universidades europeas y norteamericanas […].

[Para conformar] un espacio donde los alumnos pudieran aprender de un forma integral y multidisciplinar la ciencia económica moderna. En ese lugar, los estudiantes también podrían encontrar las herramientas para convertirse en investigadores. Y -en palabras del mismo Víctor Urquidi- la enseñanza sería libre y neutral, los alumnos no tendrían que alinearse a algún dogma radical, fuera marxista o liberal.

Diseñado así el proyecto de maestría, que incluyó estudios en demografía, se implementó una selección rigurosa de aspirantes, consistente en analizar sus antecedentes académicos, sustentar examen de selección y una entrevista, además del requisito de un curso de preparación previo, con el fin de recibir solo a un reducido grupo de alumnos, aún y cuando provinieran de diversas disciplinas, añadiendo el requerimiento de acreditar conocimientos del idioma inglés, necesario por la bibliografía a utilizar; lo anterior en la idea de

… un doble propósito: preparar a los alumnos sólidamente en la materia, pues los conocimientos con los que en México terminaban su licenciatura no eran suficientes, y formar futuros profesores investigadores de provincia, a la que podían volver a enseñar economía en sus respectivas universidades.

Por recomendación de la Dra. Meyer, el plan de estudios de la Maestría en Economía a desarrollar, consideró estudiantes de tiempo completo, con pocas materias y un buen apoyo de biblioteca, así como el cumplimiento riguroso de los programas académicos, calendarios y horarios de actividades, incluyendo además, la realización de trabajos de investigación. A ese experimento concurrió y se sometió el proactivo Roberto Bravo Garzón, contando al efecto con un permiso con goce de sueldo de la Universidad Veracruzana que le permitió sostener su hogar en Xalapa, mientras él ajustaba sus gastos en la ciudad de México con una limitada beca del Banco de México que, por su parte exigió obtener un calificación mínima de ocho en cada una de las materias. Fogueado en la vida estudiantil, hábilmente se organizó con otros becarios de provincia para rentar una casa y pagar una cocinera que les asistiera a satisfacción.

A mediados de 1965, prácticamente superados todos los retos del posgrado, y contando con la simpatía de los directivos de El Colegio de México, de entre sus once compañeros alumnos del posgrado, el veracruzano Roberto Bravo junto con Cosme René Carbonell de la Hoz, lograron atraer el interés de María de la Luz Aguilera Mejía, Antonio de Haro Duarte, Rafael Landgrave Becerril y Flora Velázquez Ortiz para conjuntamente formular un Proyecto General, Planes de Estudios y Exposición de Motivos para la Fundación de la Facultad de Economía de la Universidad Veracruzana, estudio que fue puesto a la consideración del Rector García Barna y del Gobernador del Estado.

Años después, en ocasión de celebrarse los cuarenta años de la fundación de la Facultad de Economía, el maestro Bravo compartiría sus recuerdos expresando

… que fue gracias al apoyo de los economistas del Centro de Estudios Económicos y Demográficos de El Colegio de México que fue posible fundar esta dependencia universitaria “ellos se hicieron una con nosotros” señaló Bravo Garzón al recordar como ayudaron a conformar el primer plan de estudios.

Reconoció también que a pesar de que entonces -1968- se consideraba a la economía como una “carrera políticamente peligrosa”, Jesús Silva Herzog, Clark Reynolds, Víctor Urquidi y otros expertos le dieron solidez al proyecto universitario que definió el apoyo posterior del Gobierno del Estado para fundar la Facultad.

En tal sentido, la aprobación para crear la Facultad de Economía se logró en octubre de 1965 fue gracias a la intervención del Lic. Héctor Salmerón Roiz, Ex-Rector y en esas fechas Director General de Economía y Estadística del Gobierno del Estado, quien haciendo suyo el proyecto, gestionó y solventó las reservas del Lic. Fernando López Arias, Gobernador del Estado, que oponía sus dudas ante el abrumador panorama que multiplicaba las inquietudes sociales entre los estudiantes universitarios.

Mucho contribuyó al efecto de vencer las reticencias, la solidez del proyecto académico que el grupo formado por Bravo Garzón había estructurado a partir de las exitosas experiencias institucionales de El Colegio de México y la Universidad Autónoma de Nuevo León, y en lo medular, soportado por los estudios económicos y de mercado profesional como fueron: Estimación y Análisis de Producto Territorial Bruto del Estado de Veracruz de 1940-1960, y Resumen del análisis preliminar sobre la Economía del Estado de Veracruz, publicados en 1965, así como, Formación profesional y empleo del área económico-administrativa, de la maestra neolonesa María de la Luz Aguilera Mejía, este último que fue perfeccionados como su tesis poco tiempo después y que le merecerían el reconocimiento de su Jurado de Maestría del Colegio de México.

Con el modelo de organización sugerido por El Colegio de México, el 2 de febrero de 1966 inició labores la Facultad de Economía, quedando al frente Roberto Bravo Garzón como su Director Fundador y los jóvenes María de la Luz Aguilera Mejía, Rene Carbonell de la Hoz, Antonio de Haro Duarte y Rafael Landgrave Becerril formando su primer cuerpo docente. La escuela se instaló en una modesta casa que había sido Escuela de Taquimecanografía de la calle de Hidalgo, y gracias a las gestiones de su director, al siguiente ciclo se mudó a una lujosa casona con número 11 de la misma calle. Inicialmente ofertó la carrera de Licenciado en Economía y otra técnica, de Estadígrafo del nivel técnico; disponiendo al efecto de cuatro plazas docentes más una de servicio que le autorizó la Universidad. Para noviembre de ese año, la nobel escuela ya se reporta activamente en vías de promoción participando en un Simposio sobre carreras cortas en las Instituciones Superiores celebrado en el puerto de Veracruz.

Como estaba proyectado, la Facultad adscribió además, un Centro de Estudios de Económicos y Sociales CEES, con el objetivo de realizar investigaciones de temas prioritarios para Veracruz a partir de los trabajos de cinco seminarios permanentes, su coordinación se encargaría al joven Luis Miguel Ramos Boyoli, abogado que recién retornaba a Xalapa después de cursar en el Colegio de México el mismo posgrado de donde habían egresado los profesores fundadores y ahora integrantes del cuerpo docente y de investigadores.

Tempranos méritos del nuevo CEES durante 1967 fueron sus pioneros estudios para orientar la políticas regionales del Gobierno del Estado, destacando la enciclopédica obra Promoción Industrial del Estado de Veracruz, compuesta por siete tomos y dos apéndices cartográficos que sirvió para elaboración de los conocidos Cuadernos de Promoción Industrial como materiales de difusión apoyo la campaña que encabezó el Ex-Rector Héctor Salmerón Roiz al frente de la Dirección General de Economía y Estadística. La obra compendia el Análisis Socio-Económico General del Estado, los correspondientes de las cinco zonas industriales determinadas en su tiempo y una Evaluación de la Potencialidad Industrial de Veracruz.

Debe mencionarse que en paralelo a su proyecto universitario y aún siendo abogado y después estudiante de la maestría en economía, Roberto Bravo Garzón se ocupó de otras actividades entre 1964 y 1968, vinculadas de sus asesorías efectivas, es decir no de nombre, con el Gobierno de Veracruz, como aconteció con la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos, al colaborar en el Anteproyecto de Ley de Comercialización de Productos Agrícolas que fue debatida y votada de aprobación por la XLVI Legislatura como Ley No. 53 del 26 de noviembre de 1964, ordenamiento que si bien está en desuso, permanece vigente hasta en nuestros días, con el añadido que hasta 1968 el ahora economista siguió colaborando en la dicha Comisión de Comercialización de Productos Agrícolas, un organismo local equivalente a Conasupo del ramo federal. En términos similares, figura en su currículum que durante los años 1966 a 1968, brindó su asesoría a la Comisión Técnica de Industrialización del Gobierno del Estado.

De interés resulta conocer que durante 1967, Roberto Bravo Garzón haya concurrido como ponente a la IV Reunión Facultades Escuelas Economía Latinoamericanas, celebrada en Lima, Perú, pudiéndose imaginar que haya atendido una invitación para presentar el proyecto académico veracruzano y tenido que defender, con la evidencia de los estudios realizados sobre Veracruz, los beneficios del modelo de plan de estudios elegido, es decir, apartado de las ideologías radicales de la época. En términos análogos, su hoja de vida lo registra como Presidente Estatal de la Delegación Veracruz de la Sociedad Mexicana de Planeación, A. C., entendiéndose ésta agrupación, como afiliada a la Sociedad Interamericana de Planificación entonces en boga.

Incansable y fiel a su vocación, el profesor Bravo Garzón permaneció activo frente a grupo reportando que entre 1966 y 1967 dictó cursos dentro del Programa de Graduados de Intercambio Cultural México-Japón, patrocinado por un Convenio SRE-UV y que desde 1966 se había reintegrado a su cátedra de la Facultad de Derecho, además de las clases propias de su Facultad de Economía.

1967: Presente y futuro de la Universidad Veracruzana

El diagnóstico de la Universidad Veracruzana de aquellos años se puede conocer de las reflexiones que el Gobernador López Arias compartió al Consejo Universitario en su discurso del 28 de junio de 1966, convocado para estudiar los problemas más apremiantes y culminar las soluciones viables a su problemática, así como de su resolutivo central: emprender una campaña de aportaciones por todo el Estado para constituir un Fondo de 200 millones de pesos que debidamente ingresado al Patrimonio Universitario le asegurara una renta anual aproximada de 18 millones, rentas que se estimaron necesarias para garantizar su viabilidad financiera institucional.

En palabras del Gobernador, el problema más apremiante era:

Este renglón [el subsidio universitario] constituye el problema más apremiante, la coyuntura crítica que, aunada al crecimiento explosivo en la demanda de escolaridad a nivel universitario, representa el más serio jamás lanzado a la capacidad física y técnica de nuestra Universidad, a la política estatal que alienta su desarrollo y, sobre todo, a la conciencia del pueblo veracruzano.

Requerimiento surgido por la presión de la demanda y diversificación de estudios de nivel medio, sub-profesional, profesional y de extensión universitaria, que en los últimos cinco había crecido cerca de un 50%. En indicadores del ciclo escolar 1966, significaba atender una población estudiantil de la Universidad Veracruzana de 42 mil 226 alumnos, de los cuales 27 mil formaron la matrícula de secundarias y preparatorias del nivel de Enseñanza Media. La plantilla docente de las 108 escuelas ocupó a 5 mil 85 profesores y 60 investigadores, requiriendo el apoyo operacional de 864 plazas administrativas más 353 de servicios en todo el Estado. Traducido en presupuesto, significó un subsidio total de 25.6 millones de pesos anuales, correspondiendo al 8.2% del presupuesto estatal. Lo anterior sin contabilizar que de otros ramos presupuestales, se habían erogado 78.8 millones de pesos en la edificación y equipamiento de diversos locales universitarios y que se tenía proyectado otra inversión de 44.6 millones adicionales, para totalizar 123.4 millones en inversiones al término de su administración.

Este informe del Gobernador, caracterizado de positiva atención para con el estudiantado universitario veracruzano, debe entenderse en el entorno convulso del resto del país, caracterizado por una ola de agitación de ideología comunista entre la juventud, exacerbado por la Revolución Cubana y su proyección latinoamericana. En lo particular, para esas fechas, en México se tenía registro vivo de los sucesos del 17 de mayo en Hermosillo, cuando el Ejercito irrumpió en la Universidad de Sonora rompiendo una huelga estudiantil y apresando a sus líderes; igual del incendiario episodio del 8 de octubre del año anterior, con motivo de la violenta intervención de las fuerzas armadas en el conflicto de la Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo en Morelia, y muy especialmente, de la renuncia forzada del Rector de la UNAM del 26 de abril del mismo 1966, ante la desafiante toma del Edificio de Rectoría en Ciudad Universitaria acaudillada por porros de Derecho. Eventos de agitación entre la juventud que se hilaron hasta el histórico 22 de julio de 1968, en ocasión del enfrentamiento entre estudiantes de las Preparatoria Privada Isaac Ochoterena contra los de la Vocacional 2 del IPN, en la ciudad de México, que condujeron a la irrupción del ejército en las Prepas 3 y 5, agraviando a toda la comunidad politécnica, y que explosivamente detonó el movimiento estudiantil de 1968.

Y es a partir de estas consideraciones que resulta de interés analizar el discurso del Rector García Barna al Congreso Universitario, así como de sus apreciaciones al saldo de su gestión

… Tres años [1964 a 1967] hemos pasado conviviendo con todos los miembros de la comunidad universitaria, en contribuciones recíprocas, a veces en un ambiente disciplinado y sistemático, otras veces de inquietud, de agresividad vertiginosa.

[Agregando que] … hemos procurado que… si uno de los problemas que más preocupa a las sociedades actuales es el cambio de su estructura, la universidad es la que debe proyectar ese nuevo modelo de sociedad, donde no existan minorías ni sectores sujetos a normas especiales, ni distinguido por privilegios diferenciales, -como hemos intentado que no existan en nuestra universidad-…

Y con referencia a los estudiantes y sus diferencias políticas, el Rector se permitió reflexionar:

En estos días las conversaciones y diálogos entre un grupo determinado de estudiantes, representantes de otras facciones, se circunscriben casi únicamente a los temas políticos partidistas. Esos diálogos que gente interesada tratará de reflejar en la campaña política que constitucionalmente en el presente año será escenario nuestro estado…

En el aspecto político estudiantil la Universidad, sus autoridades, se han mantenido y se mantendrán al margen de la misma, pues siempre ha reiterado como lo hace ahora, que la misma compete a los estudiantes; por su voluntad se creó su órgano representativo, por su voluntad se han designado sus comités y por su voluntad también deberá resolverse la presente escisión que ha surgido entre quienes deben permanecer unidos.

La universidad, sus autoridades, respetarán como siempre lo ha hecho, la voluntad mayoritaria de los estudiantes y no incurrirá en la actitud tan criticada, causal de desórdenes que han menoscabado la reputación y el respeto de universidades hermanas: el participar en política estudiantil y servirse de los estudiantes para intereses bastardos […] ningún universitario puede, en base a sus prejuicios ideológicos o partidistas, discriminar contra estudiantes de otros pensamientos cuyo amor a la Institución y cuya adhesión a la misma no está en condiciones de mensurar porque precisamente el prejuicio impide, distorsiona, confunde o invalida toda posibilidad de juicio.

En otro las causales que explican este diagnóstico, debe citarse al Plan de los Once Años impulsado por Agustín Yánez desde la Secretaria de Educación Pública al inicio del sexenio del Presidente López Mateos con el propósito de reducir el analfabetismo en México por la vía de establecer más escuelas y mejorar la enseñanza además de instaurar dotación de los libros de texto gratuitos, presionando de manera natural la demanda por los estudios de secundaria. Al término de ese sexenio, Veracruz, que se destacó en dicho esfuerzo, acusó el impacto del incremento de su matrícula de enseñanza media, con el agregado del elevado crecimiento demográfico.

Otro problema que acarrearía la expansión acelerada de los servicios educativos estatales veracruzanos, serían las presiones del magisterio estatal motivada por sus salarios muy bajos y prestaciones menores con relación a los que devengaba los mentores del sistema federal, lucha gremial que, desde 1958 motivó pugnas internas en la Sección 46 del SNTE que los aglutinaba, siendo el caso que tras años de una agitada lucha sindical, mediante un Congreso Constituyente instalado el 11 de noviembre de 1962 el conflicto se resolvió con la creación del Sindicato Estatal de Trabajadores al Servicio de la Educación SETSE, organización independiente que de inmediato presionó las finanzas del gobierno estatal para sufragar la homologación contractual del creciente gremio magisterial.

En el contexto descrito hasta aquí, es entendible que el Gobernador López Arias haya convocado a la sociedad veracruzana al rescate y fortalecimiento financiero de la Universidad Veracruzana, cuya ruta no podía ser otra que reorganizarse institucionalmente para crecer y crecer. Y que en este periodo, los empeños del Director de la Facultad de Economía resultaran de lo más oportunos aportando los estudios sociales y económicos que, al sistematizar el diseño de escenarios futuros, facilitaran la toma decisiones y formulación de las políticas que los hicieran posibles; resultando de esto, la importancia de abordar los problemas estatales desde sus perspectivas regionales, tema que fue la aplicación de los nuevos estudios de Maestría en Desarrollo Regional de la Facultad de Economía veracruzana, eran tiempos de aportar ideas para construir a la Universidad de su tiempo.

Agosto del 2017

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